viernes, 16 de mayo de 2014

Mejor puta que princesa

Crecí con las películas de las princesas de Disney.  No había película con una princesa de la que yo no me supiera la banda sonora y los diálogos. Completos. Incluso, mi papá me decía Blanca Nieves debido al negro de mi cabellera y a la palidez de mi piel.
Creo que de niñas todas queremos ser princesas, hay algo inexplicablemente atractivo en la historia de una princesa, probablemente sea la magia que envuelve y resuelve sus vidas, o la belleza y virtud con las que el destino enriqueció sus existencias. No sé muy bien qué es, sólo sé que yo también quise ser una de ellas.
La vida tenía otro plan para mí, a los 17 años perdí mi virginidad. Estaba borracha, de modo que no me costó mucho decidirme a entrar con un chico al baño de mujeres de la prepa y hacerlo dentro de uno de los cubículos. Sin magia. Sin dragones. Sin vestidos abultados. Sólo unas cuantas cervezas oscuras durante la ausencia del profesor de química  y atracción mutua desde un semestre atrás. Evidentemente, había olvidado mi sueño aquel de ser una princesa, de tal manera que desde entonces pasé por determinado número de camas sin recordarlo, hasta hace poco, siete años después de mi primer encuentro sexual en aquel baño.
El recuerdo vino a mí en forma de oleadas de placer sobre mi vientre. Me encontró con las piernas abiertas sobre una piedra, al aire libre. Mi novio me estaba chupando el coño. Cuando él me chupa casi siempre cierro los ojos porque aunque los mantenga abiertos no veo nada. Aquel día fue diferente, tuve el deseo de contemplarlo y, al hacerlo, recordé que alguna vez en mi vida deseé ser una princesa. Había fallado. Él no era un príncipe y ese lugar no era un castillo, sino un terreno baldío. Yo pensaba en lo anterior cuando mi chico aceleró los movimientos de su lengua y entonces sentí venir tremendo orgasmo...
Al concluir, con las mejillas sonrosadas, la sangre aún ardiente y su cabeza entre mis piernas comprendí que si había algo más maravilloso que ser una princesa, eso era ser una puta sucia. Y entre más sucia, mejor.